| NO ESTOY SOL@ |
| Acerca del autocuidado - Cuidado de mi mismo y de mi entorno |
| Sábado 21 de Agosto de 2010 13:09 |
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Desde la tarde, estaba en un acelere total; venÃa de atender a la comisión internacional que se hallaba alojada en el Gran Hotel y ni cuenta me di de la hora; era casi media noche y estaba fatigada. Mi casa estaba cerca, a cinco cuadras, y decidà irme sola, caminando en paz, aquietando mis pensamientos y evaluando la pesada jornada del dÃa que por fin estaba terminando. No habÃa avanzado más que dos cuadras cuando al voltear la esquina me topé frente a frente con un individuo de unos 40 años, moreno, bien plantado y vestido de negro, quien me detuvo y amablemente me pidió que me quedara quieta, que no dijera nada y le entregara todo lo que traÃa; me di cuenta que el hombre llevaba algo en su mano izquierda dentro del bolsillo de su chaqueta y decidà cooperar entregándolo todo: celular, billetera y reloj; el hombre tomó el celular, el dinero y el reloj, y me devolvió la billetera con los documentos personales. ParecÃa un ladrón decente. Para despedirse, el atracador me puso la mejilla y me pidió un beso; mi corazón se aceleró aún más; sentà mucho miedo pero accedÃ; al acercarme, el tipo me sujetó fuertemente, volteó la cara y puso su boca frente a la mÃa intentando ir más allá de un simple beso de despedida; entré en pánico y sentà que el mundo daba vueltas; experimenté un fuerte mareo y supe que debÃa hacer algo de inmediato pues el hombre querÃa ir más lejos: éste habÃa olfateado mi miedo, lo que excitaba su pulsión y su agresividad. Estaba perdiendo el control sobre mà misma. Me di cuenta que por la calle bajaba un vehÃculo que pasarÃa a nuestro lado en un instante; sin pensarlo dos veces me separé bruscamente del sujeto, me lancé como una loca a la calle y me paré de frente al carro en actitud de súplica pues la voz no salÃa; era un taxi; el conductor se detuvo en seco y me abalancé sobre el capó; el taxista debió imaginarse que se trataba de un atraco pues trató de arrancar y quitarme a la fuerza; cambié de lado, me paré junto a la puerta del conductor, la abrà y entré pidiendo ayuda con voz ahogada; él no creyó nada, me empujó fuera y asustado arrancó. El atracador miraba atento, no querÃa perder su presa y quiso volver a atacar; sin embargo, detrás del taxi habÃa llegado otro carro y su conductor se dio perfecta cuenta de lo que estaba pasando; se bajó y me auxilió de inmediato tomándome de un brazo y haciendo un gran escándalo para espantar al asaltante quien vio frustradas sus pretensiones y puso pies en polvorosa calle arriba. No pude hacer algo diferente a abrazarme a mi salvador y le pedà que me acompañara al lugar de donde venÃa; estaba mareada, angustiada y descompuesta. Allà me recibieron y me auxiliaron, encontrando un refugio donde poco a poco fui recuperando la calma. Han pasado varias semanas desde el infortunado episodio y poco a poco, he ido entendiendo las lecciones de gran valor que encierra lo que sucedió esa noche. No sólo comprendà la importancia de cuidarme y estar más atenta para no facilitar las pretensiones de los oportunistas que tanto abundan en las calles; también comprendà que hay ocasiones en que la vida puede parecerse mucho a esta historia. En el momento menos pensado algo que andaba muy escondido entre las sombras del alma, se presenta sin avisar y ataca; se quiere quedar con todos los recursos y nada lo sacia; es el caso de mi inseguridad, mis celos, mi ira, mi envidia, mis resentimientos, mi depresión, mi necesidad de reconocimiento o mi miedo a la soledad… Si entro en pánico o desesperanza, y si pierdo la conciencia y el centro, es posible que genere sin querer, una situación favorable a ese depredador interno, a ese asaltante insaciable entregándole sin pensar toda mi energÃa, mi optimismo, mi esperanza, mi determinación, quedándome poco a poco con el espÃritu debilitado o vacÃo. Pero asà como habita en mà la sombra, habita también la luz; está representada en la mujer y el hombre que llevo dentro: mi fuerza femenina, creativa, intuitiva y sabia que conoce lo que necesito para estar sana, para estar a salvo de los depredadores y vivir plena y auténticamente mi vida. Y mi fuerza masculina, transformadora, realizadora y ejecutiva que con determinación y sin dudarlo un instante, atiende mi pedido femenino y hace lo necesario para realizar su llamado y sus deseos, defendiéndome incluso de aquellos seres sombrÃos que quieren aprovecharse y nutrirse quitándome la luz. Asà fue como supe para qué sucedió lo que me sucedió, y ahora ando por la vida más atenta y más tranquila sabiendo que no estoy sola y que en mi interior habitan personajes que dialogan y se apoyan para que yo y mi vida estemos bien. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla |
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