| Depresión de Navidad? Algunas reflexiones prácticas |
| Acerca del autocuidado - Cuidado de mi mismo y de mi entorno |
| Martes 07 de Diciembre de 2010 09:58 |
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Si bien para la mayoría de personas la época de Navidad es símbolo de reconciliación, paz y felicidad, es frecuente que por esta época también algunos sentimientos de nostalgia toquen a nuestra puerta. Hay algunos factores que ayudan a detonar estos pensamientos: La evaluación de fin de año nos puede traer a la memoria momentos emocionalmente difíciles: seres queridos que no están, apuros económicos, diferencias con nuestra pareja, conflictos en el trabajo, metas no cumplidas. La fuerza de la tradición también nos recuerda la infancia. La magia de las luces, las fiestas, los villancicos, los mensajes, los regalos. Los recuerdos de cómo vivimos esta época durante la niñez, buena o mala, con abundancia o precariedad, igualmente pueden provocar sentimientos de nostalgia. Por su parte la publicidad nos vende la idea de que es un momento para demostrar afecto y que este se demuestra comprando y dando regalos, reforzando la idea capitalista de que para SER hay que TENER. Estos estados de ánimo pueden tener mucha semejanza con la depresión, de cuyas características ya hemos hablado. Con la conciencia de que todo esto puede suceder, podemos prepararnos para que estos sentimientos no nos atrapen y “pasen por agua la fiesta”, o que si realmente constituyen disparadores de un síndrome de depresión verdadero, los podamos manejar de manera adecuada y recurramos a la ayuda profesional si es necesario. He aquí algunos consejos prácticos: 1. Diferenciar la tristeza y la nostalgia, de la depresión Ante todo, hay que diferenciar entre la característica tristeza o nostalgia que sentimos en estos días, de la depresión que algunos pueden llegar a desarrollar, ya que hablamos de dos cosas distintas. La depresión es una enfermedad psicológica en la que prevalece un estado de ánimo con ciertas características que duran, como mínimo, dos semanas y que tienen que ver con la motivación que lo causa. Todos sentimos, en algún grado, nostalgia en Navidad; lo que no es normal es que esa tristeza tome otras dimensiones, prevalezca más tiempo, interfiera en las actividades diarias y en el dormir y comer, ya que probablemente estamos hablando de una depresión. Lo más correcto en estos casos de depresión es buscar ayuda especializada. 2. Somos responsables de ponerle un sentido auténtico al ambiente navideño. La idea de felicidad que intentan vendernos en los medios de comunicación a menudo no tiene nada que ver con la realidad que viven las personas en la vida real, con dificultades ya sea de orden económico, personal, laboral, de pareja , etc. Si caemos en la trampa de compararnos con lo que nos venden habremos caído en un pozo sin fondo. Una buena idea es revisar cuál es el sentido que le queremos dar a esta época del año “regulando” el sentido comercial, aprovechando el tiempo libre para compartir con nuestros seres queridos, para disfrutar lo que tenemos, para renovar nuestros espacios, para hacer las cosas que nos gustan y por qué no, identificando planes para el futuro. 3. Reconocer, valorar y agradecer lo que tenemos Hagamos una lista de las cosas buenas que nos sucedieron y dejemos de lado el pensamiento saboteador y victimizante de “a mi no me pasó nada bueno, he sido muy desdichado”. Hay una vieja canción colombiana compuesta por Crescencio Salcedo que habla de las cosas buenas que nos dejó el año viejo. “…me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra”. Esa actitud ayuda, así como hacer el ejercicio de “qué aprendí de mis equivocaciones, de mis malos momentos, de las situaciones de conflicto”. No olvidemos que todas las cosas tienen su lado de luz y de sombra. 4. Cuidado con los excesos En esta etapa del año se da la tendencia a comprar, a beber o comer con exceso para llenar vacíos, o al aislamiento y la resistencia a “tanta alegría ajena” y alboroto. Para algunas persona ir de compras disminuye la tristeza, ya que se libera adrenalina y serotonina, sustancias que mejoran el estado de ánimo; además, al estar ocupados comprando, hay menos tiempo para pensar y estar tristes. Si es tu opción hacer regalos, piensa la manera en que esto no afecte tu economía y sé creativo con tu familia y amigos sobre cómo demostrar afecto sin volverte esclavo de la Navidad. La persona deprimida evita relacionarse y prefiere la soledad. Si identificas esa reacción comunícasela a alguien cercano que entienda la situación y te pueda ayudar con compañía y afecto. Las adicciones están en peligro en esta época por la nostalgia y la soledad que algunos experimentan. Está atento a hacer consciente esa “necesidad” de beber, comer en exceso o consumir sustancias perjudiciales para tu salud. 5. El ser y el tener Comprar, tener y regalar no nos hace mejores personas; no repara de fondo las diferencias y la felicidad que produce es muy efímera. Si quieres dar y recibir un regalo recurre a tu creatividad: puedes dar y pedir buenos deseos “a la medida de cada persona” sin caer en los lugares comunes de la época; mirar a los ojos de nuestros semejantes y saludarlos con convicción y una sonrisa sincera; jugar en familia; hacer una afirmación para fin de año del tipo “para lo que resta de año seré una mujer u hombre sonriente, agradecido con la vida y dispuesto a sacar el mejor provecho de cada acontecimiento”. Escríbelo y fíjalo en un sitio donde veas y léelo al despertarte todos los días. Esto es económico y produce felicidad inmediata. Volver al sentido auténtico de la Navidad, tener una celebración espiritual que invite a la renovación interna, es la mejor celebración que podemos tener si sentimos tristeza en contraste con la usual alegría. En lo que a mí concierne, libero de la obligación de los regalos a mis familiares y amigos, y a mis lectores les propongo participar en nuestros foros con “ideas navideñas para no caer en la tristeza o la depresión”. Para todos salud, amor y pesetas! |
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