| Del amor al odio solo hay un paso. |
| Acerca del autocuidado - Cuidado de mis relaciones | |
| Miércoles 30 de Junio de 2010 01:26 | |
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La sabiduría popular lo ha dicho: el amor es ciego. El enamoramiento y sus características nos pueden dar algunas respuestas. Los poetas no se cansan de celebrar las delicias del amor y las penas que lo acompañan. Parecería que el destino de la experiencia amorosa es inexorablemente la desilusión. Es de esta desilusión de donde proviene el resentimiento y el odio: "No eres lo que me prometiste". Veamos de qué promesa se trata. Cuando una pareja se enamora prometen ser el uno para el otro lo que les falta. Promesa muda pero no por eso menos importante. La ilusión de ser UNO con el otro, de ser TODO para el otro, remite a un estado imaginado en que dos fueron uno, como la madre y su bebé. Nirvana que se intenta recrear con la persona amada. Transitoriamente -y el tiempo puede ser más o menos largo- el enamoramiento revive este estado de fusión perdido. La comunicación sin palabras, leerse el pensamiento, entenderse con la mirada, querer lo que el otro quiere, posponer el deseo propio ante el deseo ajeno, son característicos de este momento donde la persona amada se constituye en lo más valorado: el uno se ve reflejado en la imagen del otro. Esta unión lleva a la pareja a proyectar un futuro de felicidad conjunto. Se minimizan las dificultades y se maximizan las cualidades: "Ya va a cambiar esto o aquello, cuando nos casemos va a ser distinto". Y más aún: "Contigo pan y cebolla"."Iría contigo hasta el fin del mundo", “Eso le pasa a otros, nosotros no seremos así”, etc. Durante el estado de enamoramiento todas las cualidades del otro se exaltan y los defectos se desconocen. La pareja vive inmersa en una campana de cristal y todo se ve color de rosa. Desafortunadamente este estado ideal no dura, y la ilusión de ser uno se rompe. De muchos escuchamos: "Algo se rompió entre nosotros". "Cuando me casé‚ pensé que no iba a ser así"."No teníamos un si ni un no y ahora...” Se rompe el corazón, metáfora del dolor por la pérdida de ser un solo corazón. Esta ruptura se produce porque se diferencian dos personas que pretendieron ser uno, como siameses. Las diferencias en gustos, modalidades, proyectos, emergen no como características individuales sino como si fueran CONTRA el otro. Muchos sienten que se casaron con alguien completamente diferente de aquel del cual se enamoraron. El otro es visto como egoísta, caprichoso, impredecible, incapaz de dar, sólo de recibir. Cuando la pareja siente que se ha roto la promesa imposible de amor incondicional se produce un estado de irritación e intolerancia que lleva a que surjan problemas por insignificancias. Este estado de frustración se manifiesta a veces en reproches:"Tu nunca, tu siempre". "Antes si, ahora no”. El otro real es diferente del que soñamos: sus características, su manera de comportarse, sus cualidades y defectos aparecen más claramente. Entre más se ha idealizado al otro, más difícil aceptarlo cuando el encantamiento producido por el enamoramiento cesa. Sin embargo, la única posibilidad de construir una relación de pareja es la aceptación del otro, aceptar que el otro es diferente de mí, diferente del sueño que teníamos de él, y también aceptar que nunca terminaremos de conocerlo. El reconocimiento del otro como diferente permite una mejor comunicación, permite mantener el interés mutuo y permite la construcción de AMOR. Amor que se caracteriza por el afecto, la tolerancia, la ternura, la solidaridad, una sexualidad que vaya de la mano con la intimidad. En fin, la construcción del amor es un camino largo que decide la pareja transitar juntos.
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