Causas de la depresión

Una depresión no es generada por debilidad personal, pereza o falta de fuerza de voluntad. Se han identificado diversas causas de la depresión que, dependiendo del enfoque con el que se aborde al ser humano y a la enfermedad, se les dará mayor o menor peso en su comprensión y manejo.

Tanto la perspectiva occidental de la medicina como la holística del ser humano y de la salud, comparten que la depresión tiene múltiples causas; por lo tanto, en las dos es válido utilizar diversas herramientas terapéuticas que aborden las diferentes causas.

Desde una visión integral del ser humano es evidente que todos los factores interactúan dinámica y continuamente y por lo tanto es imposible separarlos de una manera categórica, lo cual permite que al trabajar en uno, el impacto se refleje en el conjunto con un efecto terapéutico en la depresión.A continuación incluimos las causas de la depresión más conocidas, catalogadas en grupos de factores para ayudar a su comprensión.

Factores genéticos

Algunos tipos de depresión tienden a afectar a miembros de la misma familia, lo cual sugiere que se puede heredar una predisposición biológica, como sucede en casos de trastorno bipolar. Sin embargo, no todas las personas que tienen la predisposición genética padecen el trastorno. Al parecer, hay otros factores adicionales que contribuyen a que se desencadene la enfermedad, como tensiones en la vida, problemas de familia, trabajo o estudio. Igualmente la depresión severa también puede afectar a personas que no tienen una historia familiar de depresión.

Factores bioquímicos

Hay evidencia de que el trastorno depresivo severo está a menudo asociado con la bioquímica cerebral; por ejemplo, en la depresión mayor se identifican cambios en los neurotransmisores (serotonina y norepinefrina). No obstante, no es claro qué sucede primero para poder hablar de causalidad, dado que el estado depresivo puede modificar la química cerebral, al igual que los neurotransmisores pueden producir cambios en el ánimo y el comportamiento. Algunas hormonas también alteran los estados de ánimo por influir en los neurotransmisores. La correlación entre bioquímica cerebral y depresión permite que la depresión pueda ser inducida o aliviada por ciertos medicamentos y es la base de la terapia farmacológica.

Factores ambientales de estrés

Una depresión puede surgir por situaciones que generen altos niveles de estrés como pérdida del trabajo, relaciones difíciles con compañeros o superiores, exceso de trabajo, problemas financieros, pérdida de personas cercanas afectivamente, relaciones conflictivas, rupturas amorosas, cambios significativos en los patrones de vida cotidiana, hacinamiento, entre otros muchos.

El aumento en los factores generadores de estrés en la vida moderna, tales como las condiciones de desigualdad social, pobreza, falta de oportunidades, desempleo, inseguridad en las grandes ciudades, altos niveles de competencia profesional, ritmo acelerado de vida, son sin duda factores que inciden en el aumento de los índices de depresión en las últimas décadas en grupos de todas las edades.

También son fuente alta de estrés las enfermedades, especialmente cuando son crónicas, causan alto grado de dolor o discapacidad y tienen limitada respuesta al tratamiento.

Factores físicos

Los más comunes son: disfunción hormonal femenina, hipotiroidismo, hipoglicemia, candidiasis, obesidad, deficiencia de ácido fólico, falta de ejercicio, disminución de la luz solar, toxicidad ambiental por polución en el aire o exposición a metales pesados (mercurio, plomo, cadmio), consumo de drogas y medicamentos (Tagamed, Inderal, narcóticos, benzodiacepinas, prednisone, píldoras para el control natal, alcohol, marihuana).

Factores psicosociales

Son aspectos de la vida emocional y relacional de cada persona a lo largo de su existencia, desde su nacimiento hasta el presente e incluyendo su proyección a futuro. Algunos de ellos son: traumas emocionales de la infancia como historia de violencia, rechazo, abandono, abuso físico o sexual; problemas emocionales no resueltos previamente como rabia reprimida o miedo a asumir responsabilidades. Sentimientos de fracaso, baja autoestima, poca capacidad de expresión; sensación de impotencia, de falta de poder, de tener poco control sobre los eventos de la vida y para manejar la adversidad. Sentimientos de aislamiento, de dolor por pérdidas, divorcio o jubilación; falta de una relación amorosa comprometida, falta de conexión familiar o social, sentirse desconectado de Dios o de algún ser superior. Pensamiento distorsionado o pesimista, autocrítica y culpa excesivas, tendencia a la preocupación y anticipación del futuro como triste y decepcionante. Adicción al trabajo, falta de propósito o significado en la vida.